Introducción: El Sujeto como Sistema Disipativo en un Universo Contingente
La filosofía contemporánea ha explorado la crisis del sujeto en la posmodernidad desde ángulos políticos, psicológicos y tecnológicos. Sin embargo, estas aproximaciones suelen detenerse en fenómenos culturales o históricos, sin llegar a un fundamento ontológico último que explique por qué el agotamiento psíquico y emocional es no solo probable, sino inevitable en nuestra condición material.
Este ensayo propone un marco naturalista radical que integra tres premisas irrefutables: 1. La segunda ley de la termodinámica, que impone un costo energético inescapable a todo orden local2. Un naturalismo ontológico estricto que disuelve la dicotomía naturaleza/artificio, situando al ser humano y todas sus producciones —incluyendo tecnología y cultura— como fenómenos plenamente naturales, surgidos de manera contingente en un universo sin diseño intencional ni teleología 3. Un fisicalismo riguroso que reduce la conciencia subjetiva y las emociones a procesos emergentes neurofisiológicos, sin brechas metafísicas irreductibles (contra el "problema duro" de Chalmers).
De estas premisas surge que el ser humano es un sistema termodinámico complejo cuya actividad distintiva —generar significado, afecto y vínculos— constituye un trabajo energético costoso, medible en términos físicos reales (gasto metabólico cerebral, disipación de calor, etc.). El capitalismo tardío, como mega-metabolismo social acelerado, agota estos capitales bio-semióticos, llevando al sujeto a una insolvencia afectiva crónica que lo impulsa hacia sustitutos tecnológicos de baja fricción entrópica.
I. Los Pilares Ontológicos: Termodinámica, Naturalismo Radical y Conciencia Emergente
La tesis descansa sobre tres premisas interconectadas, que eliminan cualquier excepcionalismo humano y lo inscriben plenamente en las leyes físicas.
Primera: la segunda ley de la termodinámica. En todo proceso natural, la entropía total aumenta en sistemas aislados (Clausius, Boltzmann). Crear orden local —un organismo, un pensamiento, una emoción— requiere disipar más energía útil como calor en el entorno. La vida es un combate temporal contra esta tendencia, sostenido por un flujo constante de energía libre (Schrödinger, 1944).
Segunda: un naturalismo ontológico estricto. El universo no muestra evidencia de diseño consciente; la vida y el ser humano emergen de manera contingente, permitidos por constantes físicas ajustadas sin propósito intencional. Todo lo que el humano produce —tecnología, cultura, redes sociales— es reordenamiento de materia-energía bajo las mismas leyes que rigen un panal o un dique de castores. La categoría "artificial" es ilusoria: no hay brecha ontológica; todo es natural (Dennett, 1991; Churchland, 2013).
Tercera: la naturalización completa de la conciencia. La experiencia subjetiva (qualia, emociones) no es un misterio irreductible (Chalmers, 1996), sino un fenómeno emergente contingente de la complejidad neurofisiológica, con función adaptativa evolutiva (Damasio, 1994). Lo que parece "duro" es ignorancia temporal: la historia de la ciencia muestra que fenómenos antaño divinos (rayos, vida) se racionalizan físicamente. Las emociones y el significado son procesos naturales, sometidos a costos energéticos reales: cada pensamiento o sentimiento moviliza ATP neuronal, neurotransmisores y disipación térmica, pagando su orden local con mayor desorden global.
II. La Economía Bio-Semiótica de la Existencia Humana
De estas premisas surge el ser humano como empresa bio-semiótica: su esencia es crear y mantener orden interno (identidad, sentido, vínculos) contra la entropía universal. Este trabajo no es gratuito. Cada acto cognitivo o emocional invierte capitales finitos: químico (neurotransmisores, ATP), biológico (recursos metabólicos; el cerebro consume 20% de la energía corporal), atencional (ancho de banda neural limitado) y semántico (coherencia narrativa que requiere actualización constante) (Clark, 1997).
La interacción humana genuina es especialmente costosa: un abrazo o una conversación profunda implica gasto calórico, apertura vulnerable, interpretación compleja de intenciones y riesgo de malentendido. El deseo de reciprocidad —atencional, afectiva o simbólica— no es mero anhelo psicológico, sino necesidad termodinámica: busca equilibrar la transacción energética, evitando déficits crónicos para el sistema individual (Han, 2012). La fatiga existencial en la vejez ejemplifica esto: no es solo cultural, sino bancarrota semántica real cuando la energía disponible ya no alcanza para sostener la infraestructura del sentido. (Algunos mueren por fallo físico antes de agotar este capital, explicando variaciones individuales.)
III. El Capitalismo Tardío como Máquina de Extracción Entrópica
En este marco, el contexto socioeconómico determina la tasa de gasto y reposición energética. El capitalismo tardío —financiarizado, digital y acelerado (Rosa, 2010)— maximiza la disipación: precariza el capital biológico (jornadas extensas), fragmenta el atencional (estímulos infinitos) y mercantiliza el semántico (relaciones como productos) (Byung-Chul Han, 2014).
El sujeto queda en insolvencia afectiva: anhela conexión, pero no puede pagar su precio termodinámico real (vulnerabilidad, tiempo lento, reciprocidad). Es un sistema físico al borde de la quiebra bio-semiótica.
IV. Los Artefactos del Falso Abrazo: Ingeniería de Baja Fricción para Sistemas Agotados
La respuesta es ingeniería de sustitutos eficientes: plataformas digitales, pornografía, IA conversacional, relaciones parasociales o robots de compañía ofrecen input afectivo predecible sin demanda de reciprocidad compleja (Turkle, 2011). Parecen "gratuitos", pero externalizan costos (datos, servidores) y minimizan disipación individual: alta estimulación con bajo riesgo interpretativo y gasto emocional. Son termodinámicamente óptimos para sistemas agotados, pero vacían la experiencia de nutrientes complejos —el equivalente a suplementos intravenosos frente a un banquete compartido.
Conclusión: Hacia una Política de los Common Energéticos
Esta crítica revela la crisis subjetiva como desequilibrio energético fundamental en un sistema natural hipercomplejo. El agotamiento y la huida a simulacros son síntomas físicos, no solo culturales.
Lo ideal sería una política emancipadora que pueda proteger los common energéticos: tiempo lento, atención compartida, vulnerabilidad recíproca y espacios para inversiones afectivas costosas. Pero en un mundo acelerado inconsciente de su finitud, la lucha por una vida significativa, aunque sea el derecho a gestionar nuestro tiempo finito y presupuesto entrópico en conexiones genuinas, es una utopía inalcanzable con el humano tal cual es ahora, tal cual ha sido los últimos 10.000 años. La evolución no avanza al ritmo acelerado del humano, es lenta y hemos modificado nuestro entorno y ecosistema semántico y axiológico de manera tan acelerada, que nuestro "hardware" no tuvo el tiempo de adaptarse. Somos un ingenio pleistoceno con celulares e inteligencias artificiales. No es de extrañarse que las relaciones humanas y las interacciones de poder sigan en la edad de piedra, pero con herramientas de la era digital. Siendo así, los que hoy vivimos no tenemos esperanza alguna de ver un porvenir diferente en nuestro tiempo de vida, lo que no significa que dicho porvenir sea imposible, solo que está a muchos siglos de distancia de nosotros. Para los que hoy vivimos, solo nos queda la advertencia de las puertas del infierno antes de pagar nuestras monedas de oro al barquero: El que haya llegado aquí, abandone toda esperanza.
Bibliografía
· Byung-Chul Han (2014). La sociedad del cansancio. · Byung-Chul Han (2012). La sociedad de la transparencia. · Chalmers, D. (1996). The Conscious Mind: In Search of a Fundamental Theory. · Churchland, P. M. (2013). Materia y conciencia: Una introducción contemporánea a la filosofía de la mente. · Clark, A. (1997). Being There: Putting Brain, Body, and World Together Again. MIT Press. · Damasio, A. (1994). El error de Descartes: La emoción, la razón y el cerebro humano. · Dennett, D. C. (1991). Consciousness Explained. Little, Brown and Co. · Pérez Izquierdo, A. (2018). Entropía: El destino del universo. · Rosa, H. (2010). Alienación y aceleración: Hacia una teoría crítica de la temporalidad en la modernidad tardía. · Schrödinger, E. (1944). ¿Qué es la vida?. · Turkle, S. (2011). Alone Together: Why We Expect More from Technology and Less from Each Other.
Este ensayo propone un marco naturalista radical que integra tres premisas irrefutables: 1. La segunda ley de la termodinámica, que impone un costo energético inescapable a todo orden local2. Un naturalismo ontológico estricto que disuelve la dicotomía naturaleza/artificio, situando al ser humano y todas sus producciones —incluyendo tecnología y cultura— como fenómenos plenamente naturales, surgidos de manera contingente en un universo sin diseño intencional ni teleología 3. Un fisicalismo riguroso que reduce la conciencia subjetiva y las emociones a procesos emergentes neurofisiológicos, sin brechas metafísicas irreductibles (contra el "problema duro" de Chalmers).
De estas premisas surge que el ser humano es un sistema termodinámico complejo cuya actividad distintiva —generar significado, afecto y vínculos— constituye un trabajo energético costoso, medible en términos físicos reales (gasto metabólico cerebral, disipación de calor, etc.). El capitalismo tardío, como mega-metabolismo social acelerado, agota estos capitales bio-semióticos, llevando al sujeto a una insolvencia afectiva crónica que lo impulsa hacia sustitutos tecnológicos de baja fricción entrópica.
I. Los Pilares Ontológicos: Termodinámica, Naturalismo Radical y Conciencia Emergente
La tesis descansa sobre tres premisas interconectadas, que eliminan cualquier excepcionalismo humano y lo inscriben plenamente en las leyes físicas.
Primera: la segunda ley de la termodinámica. En todo proceso natural, la entropía total aumenta en sistemas aislados (Clausius, Boltzmann). Crear orden local —un organismo, un pensamiento, una emoción— requiere disipar más energía útil como calor en el entorno. La vida es un combate temporal contra esta tendencia, sostenido por un flujo constante de energía libre (Schrödinger, 1944).
Segunda: un naturalismo ontológico estricto. El universo no muestra evidencia de diseño consciente; la vida y el ser humano emergen de manera contingente, permitidos por constantes físicas ajustadas sin propósito intencional. Todo lo que el humano produce —tecnología, cultura, redes sociales— es reordenamiento de materia-energía bajo las mismas leyes que rigen un panal o un dique de castores. La categoría "artificial" es ilusoria: no hay brecha ontológica; todo es natural (Dennett, 1991; Churchland, 2013).
Tercera: la naturalización completa de la conciencia. La experiencia subjetiva (qualia, emociones) no es un misterio irreductible (Chalmers, 1996), sino un fenómeno emergente contingente de la complejidad neurofisiológica, con función adaptativa evolutiva (Damasio, 1994). Lo que parece "duro" es ignorancia temporal: la historia de la ciencia muestra que fenómenos antaño divinos (rayos, vida) se racionalizan físicamente. Las emociones y el significado son procesos naturales, sometidos a costos energéticos reales: cada pensamiento o sentimiento moviliza ATP neuronal, neurotransmisores y disipación térmica, pagando su orden local con mayor desorden global.
II. La Economía Bio-Semiótica de la Existencia Humana
De estas premisas surge el ser humano como empresa bio-semiótica: su esencia es crear y mantener orden interno (identidad, sentido, vínculos) contra la entropía universal. Este trabajo no es gratuito. Cada acto cognitivo o emocional invierte capitales finitos: químico (neurotransmisores, ATP), biológico (recursos metabólicos; el cerebro consume 20% de la energía corporal), atencional (ancho de banda neural limitado) y semántico (coherencia narrativa que requiere actualización constante) (Clark, 1997).
La interacción humana genuina es especialmente costosa: un abrazo o una conversación profunda implica gasto calórico, apertura vulnerable, interpretación compleja de intenciones y riesgo de malentendido. El deseo de reciprocidad —atencional, afectiva o simbólica— no es mero anhelo psicológico, sino necesidad termodinámica: busca equilibrar la transacción energética, evitando déficits crónicos para el sistema individual (Han, 2012). La fatiga existencial en la vejez ejemplifica esto: no es solo cultural, sino bancarrota semántica real cuando la energía disponible ya no alcanza para sostener la infraestructura del sentido. (Algunos mueren por fallo físico antes de agotar este capital, explicando variaciones individuales.)
III. El Capitalismo Tardío como Máquina de Extracción Entrópica
En este marco, el contexto socioeconómico determina la tasa de gasto y reposición energética. El capitalismo tardío —financiarizado, digital y acelerado (Rosa, 2010)— maximiza la disipación: precariza el capital biológico (jornadas extensas), fragmenta el atencional (estímulos infinitos) y mercantiliza el semántico (relaciones como productos) (Byung-Chul Han, 2014).
El sujeto queda en insolvencia afectiva: anhela conexión, pero no puede pagar su precio termodinámico real (vulnerabilidad, tiempo lento, reciprocidad). Es un sistema físico al borde de la quiebra bio-semiótica.
IV. Los Artefactos del Falso Abrazo: Ingeniería de Baja Fricción para Sistemas Agotados
La respuesta es ingeniería de sustitutos eficientes: plataformas digitales, pornografía, IA conversacional, relaciones parasociales o robots de compañía ofrecen input afectivo predecible sin demanda de reciprocidad compleja (Turkle, 2011). Parecen "gratuitos", pero externalizan costos (datos, servidores) y minimizan disipación individual: alta estimulación con bajo riesgo interpretativo y gasto emocional. Son termodinámicamente óptimos para sistemas agotados, pero vacían la experiencia de nutrientes complejos —el equivalente a suplementos intravenosos frente a un banquete compartido.
Conclusión: Hacia una Política de los Common Energéticos
Esta crítica revela la crisis subjetiva como desequilibrio energético fundamental en un sistema natural hipercomplejo. El agotamiento y la huida a simulacros son síntomas físicos, no solo culturales.
Lo ideal sería una política emancipadora que pueda proteger los common energéticos: tiempo lento, atención compartida, vulnerabilidad recíproca y espacios para inversiones afectivas costosas. Pero en un mundo acelerado inconsciente de su finitud, la lucha por una vida significativa, aunque sea el derecho a gestionar nuestro tiempo finito y presupuesto entrópico en conexiones genuinas, es una utopía inalcanzable con el humano tal cual es ahora, tal cual ha sido los últimos 10.000 años. La evolución no avanza al ritmo acelerado del humano, es lenta y hemos modificado nuestro entorno y ecosistema semántico y axiológico de manera tan acelerada, que nuestro "hardware" no tuvo el tiempo de adaptarse. Somos un ingenio pleistoceno con celulares e inteligencias artificiales. No es de extrañarse que las relaciones humanas y las interacciones de poder sigan en la edad de piedra, pero con herramientas de la era digital. Siendo así, los que hoy vivimos no tenemos esperanza alguna de ver un porvenir diferente en nuestro tiempo de vida, lo que no significa que dicho porvenir sea imposible, solo que está a muchos siglos de distancia de nosotros. Para los que hoy vivimos, solo nos queda la advertencia de las puertas del infierno antes de pagar nuestras monedas de oro al barquero: El que haya llegado aquí, abandone toda esperanza.
Bibliografía
· Byung-Chul Han (2014). La sociedad del cansancio. · Byung-Chul Han (2012). La sociedad de la transparencia. · Chalmers, D. (1996). The Conscious Mind: In Search of a Fundamental Theory. · Churchland, P. M. (2013). Materia y conciencia: Una introducción contemporánea a la filosofía de la mente. · Clark, A. (1997). Being There: Putting Brain, Body, and World Together Again. MIT Press. · Damasio, A. (1994). El error de Descartes: La emoción, la razón y el cerebro humano. · Dennett, D. C. (1991). Consciousness Explained. Little, Brown and Co. · Pérez Izquierdo, A. (2018). Entropía: El destino del universo. · Rosa, H. (2010). Alienación y aceleración: Hacia una teoría crítica de la temporalidad en la modernidad tardía. · Schrödinger, E. (1944). ¿Qué es la vida?. · Turkle, S. (2011). Alone Together: Why We Expect More from Technology and Less from Each Other.

